martes, 5 de marzo de 2013

ARQUITECTURA BARROCA EN ITALIA Y ESPAÑA



El vocablo “barroco” viene de “barrueco”, una perla irregular; de ahí que se trasladara a un arte que se definía como desigual, extravagante o caprichoso, atribuido con cierto carácter despectivo. Habrá que esperar al siglo XIX para que se valore esta estética que buscaba la libertad frente a la exasperante regularidad clásica y que gustaba lo pintoresco, el dinamismo, la vitalidad y la asimetría frente al equilibrio inmóvil. Ocupa los siglos XVII y XVIII, con una fase final en la que sus valores se exaltan hasta el exceso, el “rococó”. El manierismo ya había adelantado algunos de sus rasgos, tanto quebrantando la ley de las proporciones clásicas, como buscando los contrastes, lo tortuoso o lo colosal. El Barroco prosigue esta tendencia hasta sus últimas consecuencias. Lo pragmático y racional cede ante lo espectacular y lo apasionado, las arquitecturas y las figuras son removidas por un ímpetu vital, la mesura es desplazada por un dinamismo incontenible.
Muchos califican el arte barroco como arte de la Contrarreforma. Hay en él una serie de rasgos casi contradictorios que lo identifican: gestualismo espectacular, tensión dramática, misticismo, cierto triunfalismo religioso, sentimentalismo, gusto por lo sorprendente y deslumbrante, grandiosidad. Está impregnado del desasosiego propio de una época convulsa, en la que se están consolidando las nacionalidades y las monarquías absolutas, pero a la vez florecen las órdenes religiosas, proliferan los santos y se produce una extraordinaria expansión misionera.
Si tuviera que destacar una característica del barroco, sería su capacidad para despertar la sensibilidad popular. Al contrario que el aristocrático Renacimiento, el arte Barroco evoluciona hacia un gusto menos refinado y más emotivo que pretendía retomar la tradición medieval en otras claves. Italia y España fueron las maestras en esta seducción artística.
El Barroco fue un “arte total”, que implicaba el dominio de diversas técnicas en la formación artística. Sobre todo en el espacio arquitectónico, se recreaba una especie de teatro sacro en el que se daban cita las artes plásticas. El éxtasis se alcanzaba en las fiestas y conmemoraciones, donde cobró importancia el llamado “arte efímero”, en el que la música, la poesía o la danza formaban parte de un espectáculo destinado a conmover y a fascinar. Eran frecuentes las arquitecturas efímeras con arcos triunfales o catafalcos funerarios para festejar recepciones principescas, traslados de reliquias, canonizaciones, matrimonios regios… Se pretendía producir estupor y cautivar la mirada de la multitud asistente. No olvides que el entusiasmo por Platón de la época anterior se había visto reemplazado por el interés aristotélico, y en este aspecto debió influir la Retórica de Aristóteles, con su exhibición de diversas técnicas de persuasión. 
Centrándonos ya en la arquitectura, si creías que el dinamismo propio del barroco sería más difícil de reflejar en las construcciones te equivocabas. La arquitectura de la época viene definida por una vitalidad incontenible que reemplaza el reposo armónico por la agitación, y las formas pesadas por las que vuelan. Las estructuras adquieren una nueva dimensión en la profundidad expresada por los entrantes y salientes. El sentido pintoresco y lírico, que pudiera parecer ajeno a este arte, se introduce con la riqueza de los efectos cromáticos y el juego con la luz.
Te enumero telegráficamente algunas características de la arquitectura barroca: son estructuras complejas cargadas de detalles que retoman las formas clásicas elaborándolas de un modo fantasioso. Los entablamentos adoptan curvas y contracurvas mientras los frontones se parten generando efectos de claro-oscuro. Predominan las líneas onduladas, elípticas y ovales, no sólo en la planta sino también en los paramentos. Gusto por la sorpresa, lo dramático y lo escenográfico. Triunfo de la columna salomónica y el orden gigante, que abarca varios pisos. Exuberancia ornamental plagada de cornisas, festones, cartelas, frontones mixtilíneos, yeserías…
La arquitectura barroca surge, cómo no, en Italia, más concretamente en Roma, a partir del pontificado de Sixto V, quien emprendió un proceso de embellecimiento de la ciudad. Ya el Gesú había anunciado algunos cambios, pero la nueva arquitectura no nace hasta la obra de CARLO MADERNO, quien continúa la tendencia del Gesú, pero aportando una mayor plasticidad. A él se le encargaría finalizar la Basílica de San Pedro, cuya planta de cruz griega transformó en cruz latina, desarrollando además una gran fachada horizontal. El Papa más convencido de la capacidad del arte como medio de difusión de la fe fue Urbano VIII (1623-44), quien además asumió la protección de uno de los más grandes genios de la época, BERNINI (1599-1680), arquitecto, escultor, pintor, fue escenógrafo y urbanista. Su primera gran obra fue el Baldaquino de San Pedro, un templete sobre cuatro columnas salomónicas (de fustes torneados en espiral, cuyo modelo parecía proceder del templo de Salomón, de ahí el nombre). Se podría afirmar que esta es la primera obra barroca universal, que sería muy imitada. Él también sería el autor de la remodelación de la Plaza de San Pedro, una explanada trapezoidal ensanchada con dos columnatas elípticas que parecen abrazar al peregrino, y centrada por un obelisco, testigo mudo de la crucifixión de San Pedro. 

 También es obra suya la iglesia del Noviciado jesuíta de San Andrés del Quirinal, con una planta elíptica a la que se añade un pórtico curvo a la entrada. Es uno de los claros ejemplos del “arte total” en el que  arquitectura, artes plásticas y decoración se funden en un único escenario. El movimiento de curvas y contracurvas, la policromía de los mármoles y estucos, y la luz de la linterna dirigen la mirada del espectador al altar mayor. Por último te nombraré la iglesia de Castelgandolfo, con planta de cruz griega cupulada y sobria fachada que exhibe dobles pilastras toscazas y frontón clásico. Volveremos a Bernini en su brillante faceta de escultor.
Contemporáneo a Bernini fue el arquitecto BORROMINI (1599-1667), formado con Maderno como escultor ornamental y colaborador de Bernini en San Pedro. Inocencio X lo convirtió en su asesor artístico, pero sobre todo, fue el arquitecto de órdenes religiosas menores. Su obra despertó una gran polémica en su época porque rompía las fórmulas estáticas de la tradición clásica. Su principal aportación radica en tratar los espacios desde la consideración de las fuerzas exteriores e interiores que convergen en las paredes del edificio. La iglesia romana de San Carlos de las Cuatro Fuentes muestra un alto grado de conocimientos, no sólo arquitectónicos, sino matemáticos. Tienen una planta elipsoidal de suma complejidad, y cúpula ovalada, además de una espectacular fachada que  juega con las líneas cóncavas y convexas.




San Ivo en la Sapiencia se encargó como capilla de la antigua Universidad, en cuyo patio manierista se sitúa. Su planta es una creación sorprendente, basada en dos triángulos superpuestos que forman una estrella de seis puntas y en el que se alternan las superficies cóncavas, convexas y rectas, coronada por una cúpula con linterna rematada en espiral. 
El último arquitecto italiano que mencionaré es PIETRO DA CORTONA (1596-1669), otro artista polifacético (sobre todo pintor) entusiasta de la Antigüedad que comenzó diseñando la reedificación de la iglesia de los Santos Lucas y Martina, de planta de cruz griega con ábsides semicirculares, con una cripta debajo. Es muy barroco el juego de pilastras y columnas, la cornisa y la exuberante decoración, pero sobre todo la fachada, que se abomba como si estuviese comprimida por las pilastras que la flanquean. Obras suyas son también Santa María de la Paz, con un pequeño pórtico de columnas que precede a una fachada convexa, y las dos galerías de columnas de Santa María en la Vía Lata.
En España el contexto histórico era muy diferente. El país había perdido su hegemonía política y militar, Cataluña y Portugal se revolvían con insurrecciones, y además sufría una despoblación progresiva debido a las pestes y hambrunas, la emigración a América o la expulsión de los moriscos. Esta situación había abocado a una precaria economía que impedía el florecimiento de la arquitectura, a pesar de que fue un “Siglo de Oro” en la literatura y en artes plásticas menos costosas. A pesar de las penurias, la expansión vital de las órdenes religiosas del Seiscientos impuso determinadas construcciones.
El impacto de la severa arquitectura herreriana se mantendrá durante el primer tercio del siglo XVII, tan solo se manifestará la evolución en las fachadas, que adquieren plasticidad y ganan en decoración. Pero quien introdujo la arquitectura barroca en España fue JUAN GÓMEZ DE MORA (1586-1648), el arquitecto real de los Austrias. Él proyectó (aunque no terminó) la Clerecía de Salamanca, que muestra la evolución del esquema de templo jesuítico (nave única cupulada con capillas laterales comunicadas) hacia volúmenes más solemnes y recargados. También realizó los planos para el Panteón de los Reyes del Escorial, con planta elíptica. 
A mediados de siglo se consolida el alejamiento de la estética herreriana y los edificios se “barroquizan”, comenzando por los elementos decorativos. A este avance contribuyen los escultores y pintores cuyo trabajo comenzó a cobrar protagonismo en la ornamentación. En Andalucía no se adoptó el nuevo estilo hasta bien avanzado el siglo. Es el momento en el que  ALONSO CANO diseña la fachada de la catedral de Granada (1664), o LÓPEZ DE ROJAS la de la catedral de Jaén, muy clasicista.
Lo cierto es que la introducción del barroco italiano encontró muchas resistencias en España, quizás por la cercanía del clasicismo francés. Las iglesias mantendrán el plan longitudinal, pero multiplicando la decoración y enriqueciendo las estructuras con molduras quebradas, cartelas o festones que alteran el aspecto de las construcciones y adelantan la estética que se impondrá en el siglo XVIII.
De esta segunda época destacan LOS CHURRIGUERA, una familia de artistas que idean sorprendente fórmulas, especialmente en lo referente al acabado ornamental de la arquitectura. El padre del clan es José, un ensamblador de retablos, cuyos hijos Joaquín y Alberto lo superaron en prestigio y realizaciones. De Joaquín destacaré la dirección de las obras de la cúpula de la catedral de Salamanca, aunque el Colegio de Calatrava es su mejor obra. Alberto rematará diversos detalles de la catedral de Salamanca, así como la portada de la catedral de Valladolid, y sobre todo la iglesia de San Sebastián de Salamanca, erigida sobre planta tradicional con portada muy original. Ya sabrás que el estilo de estos artistas fue tan marcado que dio nombre a una estética de profusa decoración, el llamado “estilo churrigueresco”.
Entre los arquitectos de la primera mitad del siglo XVIII se encuentra PEDRO DE RIBERA (1683-1742), que actuó como verdadero difusor de las características identitarias del barroco de esta etapa. Es el caso de la “columna de estípites”, que emplea sistemáticamente en las fachadas, o el “baquetón de encuadre” con el que crea sombras y encuadra puertas y ventanas. Este elemento es el que utiliza para componer la fachada de la iglesia de Montserrat de Madrid. Su ermita de la Virgen del puerto tiene planta octogonal abierta con exedras a los lados y cierto carácter de pabellón de parque. 

NARCISO TOMÉ, junto a sus hermanos, es autor del Transparente de la Catedral de Toledo que, muy del gusto rococó, logra el efecto de sorprendente ostensorio que detiene al visitante con su profusión ornamental y los juegos de luz. 
VENTURA RODRIGUEZ se adscribirá pronto al neoclasicismo, pero sus diseños iniciales son barrocos y deudores de Borromini, como la iglesia de San Marcos de Madrid, configurada con cinco elipses en su planta y un arco carpanel, creando un rico movimiento de muros y pilastras.
No acabaría si quisiera mencionarte todas las portadas de la época que se impregnan de barroquismo, o todos los accesos convertidos en exedras con nichos y camarines. Sólo te recomendaré que busques algunas imágenes que no debes perderte. Una de ellas es la Capilla del Sagrario de la Cartuja, obra de HURTADO IZQUIERDO con planta de cruz griega, gran cúpula y desbordante decoración simbólica. La creación andaluza más deslumbrante en su género es la Sacristía de la Cartuja de Granada de JOSÉ DE BADA, cuyas bóvedas y paredes se recubren con molduras mixtilíneas que quiebran las superficies, acompañadas de un lujoso zócalo de mármol. ¿Qué decirte de la Capilla del Sagrario de la iglesia de San Mateo de Lucena y el Sagrario de la Asunción de Priego? Será porque soy cordobesa, pero a mí me resultan de las más fascinantes.

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